CEGATINNI
Soy hincha de Deportes Iquique desde que tengo memoria, y sé que este amor no depende de la tabla ni de los resultados. Pero lo que vivimos frente a Cobresal fue distinto: fue un grito de desahogo, una alegría que nos recuerda por qué seguimos alentando en las buenas y en las malas.
El partido arrancó difícil. Cobresal nos clavó un gol en los descuentos del primer tiempo y parecía que otra vez la historia se repetía. Pero en el segundo tiempo apareció nuestro eterno referente, Álvaro “Chanchito” Ramos, y con dos goles nos devolvió la vida. El estadio explotó, las banderas se agitaron y los cánticos se escucharon más fuerte que nunca. Fue como volver a creer.
Con este triunfo llegamos a 21 puntos, y aunque seguimos en el fondo de la tabla, todavía respiramos. Estamos peleando codo a codo con Unión Española y mirando de cerca a Limache. La lucha por no descender está más viva que nunca, y cada partido que queda será una final.
Sé que muchos miran los números y dicen que estamos complicados. Pero yo miro la cancha, miro a la gente que no deja de alentar, y veo que todavía tenemos corazón para dar pelea. Porque ser de Iquique es eso: nunca rendirse, aunque el viento sople en contra.
El próximo partido será otra batalla, y ahí estaremos, con la camiseta celeste en el pecho, cantando hasta el último minuto. Porque los Dragones Celestes no se abandonan.















