jueves - 29/07/2021

“Tapando vacíos estatales: Feministas por la educación no sexista” (Opinión)

“Tapando vacíos estatales: Feministas por la educación no sexista” (Opinión)

Camila Navarro-Constanza Oyarzo (Colectiva de Profesoras y estudiantas Feministas de Tarapacá)


Este 21 de junio se conmemora el Día de la Educación no Sexista. Son 31 años desde que la Red de Educación Popular Entre Mujeres de América Latina y el Caribe (REPEM), declaró esta fecha, con el objetivo de promover el derecho a la educación de las mujeres de sectores populares. Actualmente, se ha complejizado la urgencia de incidir en una educación que no sea desigual y violenta, donde se considere la equidad, inclusión y la diversidad en niñes, adolescentes, y jóvenes.

En Chile no contamos con políticas públicas que garanticen una Educación No Sexista, ya que pese a incluir la equidad como un supuesto eje trascendental en los programas educativos, sigue existiendo desconocimiento y falta de conciencia real sobre la brecha de género que se presenta en las aulas. Pese a los estudios, de más de una década, en torno a estas temáticas y a la instalación de orientaciones e indicaciones, por ejemplo, en material curricular, como la “Unidad de Equidad de Género del MINEDUC”, no existe una perspectiva crítica en los contenidos del currículum que replanteen el papel de la estructura social, el rol que jugamos las mujeres en ella y las diferentes opresiones de las cuales somos víctimas. Por ende, podemos indicar que gran parte de estas medidas institucionales son superficiales y aún no logran contemplar el conflicto en totalidad de la violencia de género en la escuela.

Considerando lo planteado anteriormente, podemos reafirmar que las condiciones de enseñanza y oportunidades de aprendizaje son desiguales entre niños, niñas y niñes, y que finalmente, la persistencia de manifestaciones de violencia que se presenta en todos los niveles y elementos de la escuela, genera profundas repercusiones en el desarrollo integral de las personas, lo que se observa posteriormente, en la sociedad machista y en la cultura patriarcal en que estamos inmersos e inmersas. Esto último se traduce en acciones y en situaciones con las que luchamos a diario, como la resistencia a un lenguaje inclusivo que valida la existencia de otres, la inexistencia  y la poca regulación de protocolos que sancionen situaciones de acoso, abuso o discriminación arbitraria en espacios educativos y laborales, la falta de prevención en casos de abusos y acoso sexual, la normalización de la violencia en el pololeo y los crímenes de odio hacia las disidencias y mujeres, que al término de cada año sólo se visibilizan como un número más.

Es por ello que, al no tener respuesta de la institucionalidad, son las organizaciones feministas que, en su accionar han materializado la necesidad de una Educación Feminista, que tenga como horizonte estratégico otorgarle el espacio a quienes han sido excluídas y excluidos en un mundo capitalista y patriarcal, que denuncie la cultura androcentrista en los campos disciplinares, que ponga término a los roles y estereotipos de género, que garantice el acceso a una Educación Sexual e Integral, en síntesis, que se visibilice las discriminaciones y reivindique a las mujeres y disidencias. Es una apuesta política donde otro mundo es posible, y otra forma de educación; una transformadora y emancipadora, donde predomine la socialización de la vida en torno a relaciones recíprocas y horizontales, concibiendo una educación orientada hacia la libertad colectiva y la solidaridad.

Hoy como educadoras feministas visualizamos desafíos, los que se han ido consolidando en los procesos de formación y reconocimiento de nuestras vivencias y experiencias como niñas y mujeres. Sin embargo, esta apuesta debe trascender al profesorado, siendo consciente que en los espacios educativos se naturalizan las relaciones de poder entre hombres y mujeres. Necesitamos de una educación que tenga como apuesta el principio feminista de que lo personal es político, priorizando la reflexión desde lo más íntimo y de las subjetividades no como puntos de partida, no como lugares de paso esporádicos, sino como lugares de permanencia.

Mientras se continúe restringiendo el derecho a una educación democrática y equitativa, como se ha intensificado en la pandemia, seremos únicamente las profesoras y estudiantes feministas quienes seguiremos resistiendo y luchando contra la violencia heteropatriarcal, de la cual no olvidamos que como trabajadoras también somos víctimas, estando al servicio de un sistema económico, el cual invisibiliza la doble y triple labor de cuidados, perpetuando lo roles y el binarismo. Estando a puertas del proceso constituyente cabe cuestionar ¿existirán voluntades políticas para avanzar en una educación feminista y libre de violencia? ¿O seguirá esta bandera de lucha sosteniéndose en la resistencia de nuestras cuerpas?

 

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