El clásico del norte terminó sin goles, pero con esa sensación de “algo faltó” que quedó dando vueltas en todo el Tierra de Campeones. Más de 8 mil personas según el registro oficial, buen ambiente, viento típico de la tarde iquiqueña y un partido que tuvo de todo menos el grito que todos estaban esperando.
Iquique salió con ganas, presionando arriba y buscando por las bandas. A los 12 minutos casi se abre el marcador con un remate de Hans Salinas que pasó rozando el palo. El estadio ya estaba listo para celebrar, pero la pelota decidió seguir de largo.
San Marcos respondió cerrándose atrás y apostando al contragolpe. A los 33 tuvieron la más clara: un remate cruzado que obligó a Daniel Castillo a volar y sacar una pelota que venía con veneno. Ahí el estadio quedó helado un segundo.
En el segundo tiempo, Iquique tuvo tres chances clarísimas: el cabezazo de Blanco al 57, el tiro de Rivera al 71 y la media vuelta de Guerrero al 84 que reventó el travesaño. Nada quiso entrar. Cuando la pelota se pone porfiada, no hay cómo convencerla.
El 0-0 dejó la sensación de que los Dragones fueron más y merecieron llevarse algo mejor. El público salió con esa mezcla de orgullo por el juego y rabia por la falta de finiquito. Un clásico intenso, peleado y con la promesa de que la próxima fecha hay que meterla sí o sí.













