El cruce diario de estudiantes bolivianos hacia la escuela de Colchane no es novedad. Lleva años siendo parte de la vida en la frontera. Ya en 2015, La Tercera relataba que “siete alumnos bolivianos cruzan la frontera para estudiar en la única escuela que existe en Colchane. Para reforzar la etnia que los une con sus pares chilenos, a todos se les enseña a cantar el himno nacional en aimara”. Esa dinámica sigue vigente hasta hoy.
Por eso, las nuevas medidas de ingreso a Chile encendieron la preocupación entre padres de Pisiga, que temen que sus hijos —que cruzan cada mañana para asistir a clases— puedan no seguir con esa rutina.
“Todos los días desde la mañana (…) nuestros hijos pasan así”, relató un padre en un reportaje emitido por la cadena boliviana Red Uno, explicando que los menores son trasladados en vehículos hasta la escuela chilena. Otra madre fue más directa: “Eso nos afectaría harto a nosotros”, advirtiendo que cualquier cambio podría interrumpir un sistema que ha funcionado por años sin mayores sobresaltos.
Muchas familias viven en Pisiga porque el costo de vida es más accesible, pero mantienen vínculos educativos, laborales y familiares con Colchane.
Desde la Defensoría del Pueblo en Pisiga también levantaron alertas, señalando que un endurecimiento del ingreso podría generar una “situación de emergencia” para comunidades que históricamente han vivido en ambos lados de la frontera, compartiendo territorio, cultura y servicios.













