martes - 27/07/2021

¿Un obscuro y sombrío futuro para Chile? (Columna Dr. Franco Lotito)

¿Un obscuro y sombrío futuro para Chile? (Columna Dr. Franco Lotito)

Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl
Académico, escritor e investigador (PUC-UACh)


La sociedad chilena sufre desde hace décadas de dos grandes males: una gran desigualdad y brecha económica y una peligrosa, estúpida e inservible polarización política que ha conducido a Chile directamente a un pantano, del cual, hoy, resulta casi imposible escapar.

En este marasmo resultante, el gobierno, la clase política y la élite económica han perdido completamente de vista una noción clave para cualquier sociedad que quiera prevalecer y florecer: el BIEN COMÚN, es decir, aquel bien que favorece de todos los ciudadanos de un país y no sólo de una reducida élite.

El bien común se construye en base al respeto, progreso y cuidado de los demás. Se construye en función de un comportamiento ético y moral, cuyos principios, ideales y valores no pueden ser trasgredidos, traicionados ni “vendidos” al mejor postor. ¿La razón de plantear lo anterior? Muy simple. Un estudio publicado por la ONG Oxfam en enero de 2018 indica –textualmente– que “el 1% más rico se embolsó el 82% de la riqueza creada durante el año 2017, en tanto que el 50% más pobre no recibió absolutamente nada”, realidad que se replica calcado en Chile. Entonces, ¿se puede hablar aquí de “bien común” o de “igualdad de oportunidades para todos”? La respuesta es un rotundo… ¡No!

Por lo tanto, cuando en un país hay muy pocos y “selectos ganadores” y millones de perdedores, con una movilidad social que no sólo se atascó, sino que además, ha claramente retrocedido varios años en el pasado, resulta inevitable que en la población surja una combinación de ira, rabia, impotencia y frustración que termina por alimentar las protestas populares y por incrementar la polarización de todo un país, todo lo cual, a final de cuentas, reduce a cero la confianza de la población en sus instituciones y en quienes controlan y manejan las riendas económicas y del gobierno. Súmese a lo anterior el refichaje ilegítimo en el SERVEL de los partidos políticos en el año 2017, catalogado por el centro de investigación periodística CIPERCHILE como “el blanqueo de la corrupción política” ante el cual, toda la clase política mantuvo sepulcral silencio.

Entonces, ¿cómo es posible que nuestra clase política y gobernante sea tan ciega ante el oscuro y negro futuro que le espera a Chile y a su población, si muy pronto no cambian su despreciable forma de hacer política y de gobernar?

¿Cómo es posible que quienes tienen el poder mantengan su ceguera y sean incapaces de advertir las claras señales de que su desidia, egoísmo e indiferencia ante las reales, verdaderas y urgentes necesidades de la población terminará por incubar un nuevo estallido social 3.0? Una ola de violencia y destrucción, que luego es avalada y respaldada por algunos de los mismos partidos que dictan las leyes en el parlamento.

¿Cómo es posible que continúen siendo ciegos, indiferentes e insensibles ante la enorme desigualdad económica, social y educacional que existe entre el 5% más rico y privilegiado de este país y el 50-60% más pobre de la población? De más está decir, que hoy hay seis millones de hogares inscritos en el Registro Social de Hogares representando a casi 14 millones de chilenos en situación vulnerable y que casi un millón de Jefes de hogar en Chile ganan el salario mínimo de $326.500, mientras nuestros (des)honorables diputados y senadores pueden llegar a percibir ingresos mensuales, nada menos, que 75 veces superior. Para qué hablar de la salud indigna que se ofrece a los pobres en los hospitales públicos y las pensiones miserables que entregan las AFPs a sus afliliados y que más de cinco millones de chilenos se han quedado SIN UN SOLO PESO en sus cuentas de AFP luego del segundo retiro del 10%. Súmese los cientos de miles de chilenos –generalmente de la tercera edad, aunque no exclusivamente– que van a recoger las sobras que dejan las ferias y supermercados en la basura para poder alimentarse día a día y, aún así, todavía nos quedamos cortos con el nivel de desigualdad económica e injusticia social reinante en nuestro querido Chile.

Ahora bien, no obstante que nuestro país ha sido objeto de una pandemia por coronavirus que: (a) ha destruido cientos de miles de puestos de trabajo, (b) que ha hecho retroceder al país en algunas áreas sensibles –como es el caso de las mujeres en el ámbito laboral– hasta en una década, (c) que ha hecho desaparecer a toda una pseudo y pobre “clase media” despojándola de lo poco que pudo acumular, luego de años de grandes sacrificios, esfuerzo y trabajo duro, (d) que ha hecho que cientos de miles de estudiantes se encaminen a perder entre uno y dos años de estudios en un gran “baile de los que sobran” con un 64% de los estudiantes con graves problemas de conexión a Internet para seguir las clases a distancia, con miles de muertos por coronavirus y cientos de miles de personas contagiadas a nivel país, etc., nuestro gobierno, clase política y élite empresarial siguen practicando la miserable política de siempre, a saber:
1. La política de la eterna polarización y de la división bajo el principio de: “A río revuelto, ganancia de pescadores”.

2. La política del resguardo de los propios intereses que, como pequeño grupo elitario, gozan desde hace décadas a costa de la sangre, sudor y lágrimas de la mayoría de la población.
3. La política de aferrarse al poder y a todos sus privilegios a como dé lugar.

No cabe duda que tenemos a una población que se siente frustrada, desesperada e impotente ante una élite que mantiene férreamente desde hace décadas el poder político y económico en sus manos y, al mismo tiempo, tenemos a un numeroso grupo de la población que sólo puede permitirse intentar sobrevivir ante la inacción, desidia y autocomplacencia de los diversos gobiernos pseudo democráticos que hemos tenido desde el 11 de marzo de 1990 y de una clase política que está desconectada de la realidad del ciudadano de a pie y que está completamente desprestigiada , dando lo mismo que estos sujetos se autoproclamen como “defensores de los derechos del pueblo”, sean dichos proclamantes individuos que integran partidos políticos de izquierda, de centro o de derecha, los cuales, a final de cuentas, terminan cayendo en la misma nauseabunda fosa séptica.

La indiferencia e ignorancia de muchos de aquellos que dirigen y gobiernan a este país les ha impedido darse cuenta que la famosa “globalización de los mercados” sólo ha favorecido a unos cuantos países y ha enriquecido –aún más– a un reducido y selecto grupo de individuos. Se ha más que demostrado que la economía de libre mercado ha creado en Chile una brecha gigantesca entre ricos y pobres, entre aquellos que acceden a una educación escolar y universitaria de calidad y aquellos que deben conformarse con haber egresado –¡con suerte!– de cuarto medio de un colegio público de escasos recursos y pleno de carencias, o de aquellos niños que terminan en el SENAME –con más de 1.800 menores muertos en los últimos 10 años por abusos y golpizas a manos de sus guardadores nombrados por el Estado– y de niños que nacen en “cuna de oro” y llenos de privilegios.

Es más: vemos la gran desigualdad existente entre aquellas familias que se construyen –y viven– en mansiones de mil millones de pesos y aquellas otras familias que deben abandonar sus hogares porque no pueden pagar ni sus cuentas ni el arriendo de sus casas y deben ir a tomarse un terreno en un basural para armar una rancha de trescientos mil pesos porque sus ingresos mensuales de $326.500 –acordado “generosamente” por nuestros parlamentarios y el Gobierno– no les permite otra cosa, más que convertirse en los nuevos esclavos modernos y en mano de obra barata para los grandes empresarios, en función de lo cual, la única herencia que pueden dejarles estos padres de familias a sus hijos y a sus nietos es… más pobreza, desamparo y desesperanza aprendida (¡y mucha rabia y rencor acumulado!).

¿Una prueba de lo anterior? Un prolijo y acabado estudio de Oxfam, una organización internacional no gubernamental que lucha contra la pobreza y la desigualdad, indica que “las 100 personas más ricas del mundo poseen una riqueza que supera en su conjunto la riqueza acumulada de los 4.000 millones de personas más pobres del planeta”, datos que son respaldados por diversos estudios del reconocido economista francés Thomas Pikkety y sus colegas, una dura y reprochable realidad que se reproduce al pie de la letra en Chile.

Citemos, de paso, a otro economista, Joseph Stiglitz, ganador del Premio Nobel de Economía en el año 2001, quien consigna en su libro “Cómo hacer que la globalización funcione” la siguiente frase: “La vaca media europea obtiene una subvención de dos dólares al día; más de la mitad de la población del mundo en vías de desarrollo vive con menos de eso. Según parece, es mejor ser una vaca en Europa que ser una persona pobre en un país en vías de desarrollo”. Afirmación que no requiere explicación o aclaración alguna.

Digamos finalmente, que si el objetivo del gobierno es dejar completamente a un lado el bien común con la finalidad de incrementar –a cualquier costo y sufra quien sufra– el PIB del país y lograr que los precios de los productos de consumo sean lo más bajo posible para la élite y clase privilegiada, entonces la economía salvaje de libre mercado, la globalización y las políticas de inmigración totalmente abiertas y sin restricción, son lo “deseable”.

Pero, si el principal interés es el BIEN COMÚN, así como el deseo de crear un mercado laboral justo y estable que permita que los trabajadores chilenos con bajo nivel de educación –o de cualificación media– se puedan ganar un sustento que sea DIGNO y apropiado, de modo tal, que puedan criar y educar de manera decente a sus hijos y construir comunidades fuertes y solidarias, entonces estaría más que justificado que la clase política y gobernante cambie, de una vez por todas, su miserable, egoísta y despreciable forma de hacer política, se ponga al servicio de los ciudadanos, resguarde y propugne el bien común e imponga ciertas restricciones y reglas claras al comercio exterior, al desbocado sistema económico y financiero, a la globalización y a la inmigración sin regulación. Y lo más importante: que la clase política deje de ser una clase corrupta y ávida de más riquezas y poder.

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Comentarios

Una respuesta

  1. Los datos consignados en esta publicación pueden ser fácilmente verificados por cualquier persona interesada en profundizar en sus contenidos, especialmente cuando vemos que lo señalado afecta a millones de chilenos a nivel nacional.

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