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Jul

2016 | El lloriqueo de Messi al perder con Chile la Copa América

¿Un Mundial hecho a la medida de Argentina?

CEGATINNI

El Mundial 2026 está dejando más dudas que certezas. Lo que debería ser una fiesta universal del fútbol se ha visto empañado por arbitrajes que, para muchos, parecen demasiado complacientes con Argentina. Los partidos contra Cabo Verde y Egipto encendieron las alarmas y a muchos se nos vino a la frente la famosa frase de Bombo Fica: decisiones polémicas, goles anulados y penales ignorados que alimentan la sospecha de que el torneo estaría “programado” para que la Albiceleste levante otra copa.

El caso más evidente fue el duelo contra Egipto. El gol de Zico que pudo sentenciar el 0-2 fue borrado por el VAR bajo el argumento de una falta previa. La reacción egipcia fue inmediata: el técnico Hossam Hassan acusó directamente que “el campeonato estaba amañado”, mientras el propio Zico explotó: “El árbitro es injusto. Ha desperdiciado el esfuerzo de todo un país. Felicidades a Argentina por otra Copa del Mundo, por lo visto”. Palabras duras, pero que reflejan la frustración de un equipo que sintió cómo la cancha se inclinaba en su contra.

En Cabo Verde, aunque con menos repercusión mediática, también hubo reclamos por faltas no cobradas y un arbitraje permisivo hacia el juego brusco argentino. No fueron hechos aislados: se suman a la narrativa de que Argentina juega con ventaja invisible.

La FIFA, por su parte, se defendió con la voz de Pierluigi Collina, jefe de arbitraje, quien justificó las decisiones: “Pisar el pie de un oponente es falta”, dijo sobre el gol anulado, y calificó como “contacto normal” la jugada con Salah. Pero las explicaciones no lograron apagar el fuego de la crítica.

La pregunta que queda flotando es incómoda: ¿estamos ante un Mundial que busca coronar a Argentina por segunda vez consecutiva? Las redes sociales, los medios africanos y hasta exjugadores europeos como Alan Shearer y Gary Neville apuntan a que Egipto fue víctima de una injusticia arbitral.

El fútbol, que debería ser pasión y transparencia, se ve atrapado en la sombra de la sospecha. Y mientras Argentina celebra sus remontadas, el resto del mundo se pregunta si la verdadera competencia está en la cancha… o en los escritorios.

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