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La ex ministra de Seguridad Pública, Trinidad Steinert, duró apenas dos meses en el cargo. Su salida se podría leer como un movimiento apurado del presidente José Antonio Kast, justo cuando se esperaba un informe de Contraloría que no la dejaba bien parada.
Las críticas a su gestión se acumularon rápido. En el Congreso fue acusada de improvisar y de no presentar un plan de seguridad claro, pese a que la ley la obligaba. Su frase “no me esperaba la exigencia de un plan” terminó siendo usada como símbolo de desconocimiento de sus responsabilidades. A eso se sumaron errores comunicacionales y un estilo nervioso que no convenció ni a la oposición ni a parte del oficialismo.
El Partido de la Gente y parlamentarios opositores ya preparaban una interpelación en su contra, lo que aceleró la decisión de La Moneda. En las encuestas, Steinert aparecía entre las peor evaluadas del gabinete.
Antes de llegar al gobierno, Steinert había sido jefa regional de la Fiscalía de Tarapacá, donde también enfrentó cuestionamientos por su manejo interno y por tensiones con equipos locales. Esa experiencia, lejos de blindarla, fue usada por sus críticos para reforzar la idea de que no estaba preparada para liderar un ministerio clave.
CONTRALORIA
Según reveló La Tercera, la Contraloría elaboró un informe que cuestionaba directamente su actuación en el oficio reservado que envió a la PDI, apenas asumió, pidiendo antecedentes de funcionarios vinculados a investigaciones en Tarapacá.
El documento, según trascendió, “no sería amable” con la exministra y apuntaba a un posible exceso de atribuciones.
La Moneda se interpretó que, de hacerse público, sería un golpe demasiado duro para sostenerla en el cargo. Así, Kast habría decido anticiparse y cortar por lo sano, sacando a Steinert antes de que la Contraloría terminara de hundirla.













