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La visita del Presidente José A. Kast a Bolivia ocurre en un momento en que ambos Mandatarios muestran una convergencia ideológica y política, dejando atrás las tradicionales rivalidades nacionalistas. Quizás, para ciudadanos chilenos y bolivianos, este encuentro responde también a las líneas trazadas para América Latina por el Presidente de EE.UU., Donald Trump.
Sin embargo, para nuestro Norte, más allá de cualquier estrategia norteamericana, lo cierto es que enfrentamos problemas comunes en la vida diaria: Bolivia sigue siendo un pasillo para la inmigración clandestina, la instalación de bandas criminales foráneas y el lavado de activos.
Con las relaciones diplomáticas cortadas, varios servicios públicos en la frontera presentan serias deficiencias que vuelven inútiles sus operaciones de control. Por el contrario, terminan siendo un obstáculo para el flujo turístico y la integración comercial entre ambos países.
Pero lo trascendente de este encuentro entre los máximos representantes de Chile y Bolivia es lo que viene ahora. Es decir, si realmente lograremos avanzar hacia la reanudación de relaciones diplomáticas. Si veremos mejoras en el flujo comercial, económico, turístico e industrial minero. En pocas palabras, si este encuentro se traducirá en mayor dinamismo y crecimiento productivo para ambas naciones. Ahí está la clave y el epílogo de esta cita bilateral. Somos países ricos en minerales y tierras raras; podemos ofrecer mayor bienestar a nuestros habitantes y un desarrollo digno del mundo moderno, en paz y justicia social. Todo esto parece un lindo sueño eterno… y nada más.
Ambas naciones podrían mejorar las condiciones laborales de quienes cumplen funciones públicas y de servicio en la frontera. Turnos y horarios que respeten los derechos humanos de quienes trabajan en las máximas alturas de la Cordillera, dándoles tiempo para su alimentación, descanso y vida familiar. Estos turnos no deberían superar las tres horas en sus puestos. Por lo tanto, se requiere más personal para cumplir dichas tareas. El rigor de trabajar en altura no es el mismo que en una ciudad. Se debe privilegiar la salud y seguridad de quienes cumplen funciones en los límites fronterizos.
Me gustaría conocer cuáles serán las inversiones en infraestructura comprometidas por ambos Mandatarios para potenciar las comunas fronterizas y permitir que los pueblos originarios de esos territorios salgan del subdesarrollo. También saber si abordaron el cambio climático y las medidas que tomarán para enfrentar esta cruda realidad.
Desconozco las materias tratadas en esta oportunidad. Con el transcurso de los días iremos conociendo los detalles. Espero que este encuentro sea un bálsamo que indique que se está caminando por el sendero correcto.
De este histórico encuentro bilateral, saquemos la tarea adelante. Que no sea una anécdota más de la clase política gobernante. Se habla de los corredores bioceánicos y de que Brasil está interesado en salir por Chile con productos agrícolas, específicamente por nuestra ciudad. Veremos si este sueño de “integración” sudamericana se convierte en realidad. De lo contrario, seguiremos siendo el “patio trasero” de EE.UU.
En tal sentido, nuestra ZOFRI debe volver a tener un papel central. Para avanzar en ese propósito, se necesita con urgencia una administración regional. Sería ideal tomar el toro por las astas y poner fin a su administración dependiente del centralismo, es decir, del SEP (Sistema de Empresas Públicas). Este es un grueso error que la clase política ha mantenido desde la recuperación de la democracia. A mi juicio —y ustedes me perdonan si estoy equivocado— esto no se trata de derecha o izquierda. Hablamos de nuestra principal palanca de desarrollo. Para que cumpla ese rol, sus políticas estratégicas deberían depender de nuestra Región. Ya no existe la figura del Intendente, muy decisiva en la ley de Zona Franca, pero sí la Delegada Presidencial. Entonces, si existe voluntad política, podemos corregir aquello que obstruye la descentralización y convertir a ZOFRI en un motor de crecimiento regional.
La era de la otrora ZOFRI ya es historia. Hay que tomar medidas urgentes. Estamos contra el reloj. Vivimos el tiempo de la IA. Las ventas presenciales han sido reemplazadas por las digitales. Es hora de que ZOFRI se ponga al día en aspectos financieros, innovación y robótica.
Seré majadero: hay que recuperar una franja del Barrio Industrial de ZOFRI para instalar empresas metalúrgicas y fabricar partes y piezas para la gran minería. Se requieren más profesionales y trabajadores especializados. Se abre un abanico de empleos decentes.
Nuestras universidades, así como lo hicieron al crear carreras de Ingeniería Comercial e Informática, pueden abrir carreras de Ingeniería Civil y diplomados en áreas técnicas: electricistas de alta precisión, mecánicos de última generación, torneros y operadores de máquinas por internet, entre otros. Hay que salir de estructuras académicas propias de épocas pasadas y abordar el presente mirando al futuro.
Hoy se conmemora un año más del 18 de octubre de 2019. Muchas de las cosas por las cuales salí a la calle y marché pacíficamente con miles de personas siguen presentes en mi alma quebrantada, y las recuerdo cada vez que escribo esta columna. Uno se cansa de promesas y de ser un peón más para los intereses de la clase política. No hay que ser ilusos las 24 horas del día ni los 12 meses del año.
La violencia de ese viernes 18 de octubre fue obra de infiltrados y anarquistas. Nunca seré parte de ninguna clase de violencia, menos de la institucionalizada en nuestra República. No fueron los 30 pesos del alza del Metro, sino 30 años esperando los cambios que los Gobiernos prometían y nunca llegaban. Qué rabia. Los dejo. Gracias.}
En El Sol de Iquique creemos en estar siempre del lado de la gente y con los ojos bien abiertos sobre quienes toman decisiones. Pero también somos un medio pluralista: las opiniones que aquí se publican son responsabilidad de sus autores y no necesariamente reflejan lo que piensa este medio.













