La historia del 6–0 entre Argentina y Perú en el Mundial de 1978 siempre arranca con la misma sospecha: que algunos jugadores peruanos habrían recibido dinero para dejarse perder y permitir que Argentina pasara a la final. Es una versión que circula hace décadas, pero que nunca ha sido probada. No hay documentos, no hay fallos judiciales, no hay confesiones oficiales. Lo que sí hay es un partido que dejó demasiadas dudas y un contexto político que no ayuda a despejarlas.
El encuentro se jugó el 21 de junio de 1978 . Argentina necesitaba ganar por cuatro goles para superar a Brasil. Terminó ganando por seis. Los goles fueron de Mario Alberto Kempes (dos), Leopoldo Jacinto Luque (dos), Alberto Tarantini y René Houseman. Una goleada perfecta, casi hecha a medida.

Lo único realmente confirmado es que antes del partido, el dictador argentino Jorge Rafael Videla entró al camarín de Perú acompañado por Henry Kissinger. No existe registro oficial de lo que se dijo, pero la visita ocurrió y quedó documentada. Para muchos jugadores peruanos, ese momento marcó el tono de una tarde que describen como extraña y cargada de tensión.
Las versiones dentro del propio plantel peruano son completamente opuestas. José Velásquez, mediocampista de Perú, ha sido el más duro. En varias entrevistas y documentales afirmó que “seis jugadores se vendieron”. Incluso identificó a cuatro: el arquero Ramón Quiroga, el defensor Rodolfo Manzo, el mediocampista Raúl Gorriti y el delantero Juan José Muñante. También criticó al técnico Marcos Calderón por sacarlo del partido en el segundo tiempo sin ninguna razón médica. Para Velásquez, el arreglo existió y fue evidente.
Del otro lado está Héctor Chumpitaz, capitán de Perú y uno de los defensores más respetados de su época. Él ha declarado bajo juramento que la selección peruana nunca se vendió. Dice que el equipo venía desmoralizado tras perder con Brasil y Polonia, y que el planteamiento defensivo simplemente se derrumbó. Para Chumpitaz, no hubo dinero, no hubo pacto, solo una mala tarde en el peor momento.
La FIFA nunca investigó el partido. Nunca abrió expediente. Nunca pidió explicaciones.













