En dos películas recientes, «Her» y «Ex Machina», se exploró un concepto intrigante: la posibilidad de que los seres humanos se enamoren y quieran tener relaciones sexuales con robots o con máquinas de inteligencia artificial (IA).
No es la primera vez que alguien ha fantaseado con el sexo con seres humanos artificiales -fantasía que puede seguirse a través del tiempo hasta llegar al mito griego de Pigmalión-, pero a medida que la IA y la robótica avanzan, algunos aseguran que la fabricación de robots para el amor y el sexo está próxima a hacerse realidad. En su libro «Amor y sexo con robots» David Levy estimó que el matrimonio con robots será algo normal en el año 2050. Sin embargo, aunque a veces parezca que estamos en el umbral de una nueva revolución sexual, la verdad es más complicada.¿Cuán reales podrán ser los robots sexuales?
Construir y diseñar robots para tener sexo va a ser más difícil de lo que la mayor parte de la gente cree. Hacer que sean convincentes sin que resulten atemorizantes será un gran desafío y superar las barreras que enfrenta la industria del sexo para obtener fondos requiere un esfuerzo enorme. Creer que una compañía puede aparecer un día cualquiera y fabricar un robot sexual convincente y económicamente accesible es ignorar la realidad tanto de la investigación como de la legislación. Técnicamente, un robot sexual es cualquier cosa robótica con la que puedes tener sexo. Esos aparatos ya existen en forma de juguetes sexuales que se conectan aapps que simulan sensaciones reales como, por ejemplo, los vibradores programables o manejados con control remoto. «Hay montones de cosas disponibles en este momento que anatómicamente tienen reminiscencias humanas y que facilitan una experiencia de fantasía que es más práctica que la pornografía y más fácil de controlar que tener sexo con una pareja real», explica Shelly Ronen, investigadora de la Universidad de New York (NYU) que estudia las relaciones, el sexo y los juguetes sexuales. Algunos de estos juguetes han sido exitosos y otros no han logrado venderse.Una experiencia realista que no funcionó

Juguetes sexuales vs. robots
La mayor parte de estos aparatos son juguetes sexuales, no robots. Lo que la gente quiere decir usualmente cuando habla sobre robots sexuales, son robots que tienen forma humanoide, construidos con la capacidad de tener actividad sexual, que tienen algún tipo de inteligencia artificial que les permite «pensar» en lugar de simplemente reaccionar a sus sensores. Por ahora, lo más cercano a un robot plenamente humanoide es una muñeca sexual vendida por compañías como la californiana Abyss Creations. Ellos fabrican y venden algo llamado Muñeca Real (Real Doll), una línea de figuras humanas realistas que pueden ser ajustadas en algunos detalles (incluyendo cosas como tener pecas en la piel) y que tienen «personalidades». Muñecas Reales tiene un grupo de seguidores fieles, muchos de los cuales se conectan entre ellos para compartir sobre esta aún inusual relación. Incluso hay un pequeño grupo de «doctores de muñecas» que se dedican a reparar las Muñecas Reales. Pero aún son extremadamente caras y pueden costar desde US$5.000 hasta US$10.000, dependiendo de las características que el comprador quiera ponerle. Además, las Muñecas Reales son muñecas, no son parejas convincentes y no son tampoco robos sexuales. Al menos, no todavía.¿Cómo debería ser un robot sexual?

Cuestión de piel

Emoción artifical
Dentro del robot, los científicos tendrán que desarrollar una inteligencia artificial que conecte y aprenda de su compañero humano. La inteligencia artificial ha avanzado a grandes pasos en los últimos tiempos pero todavía no puede estimular gran parte de todo lo emocional que acompaña al sexo y las relaciones. Las computadoras quizá puedan batir a un humano al ajedrez, pero el sexo es más parecido a un baile, cada uno debe predecir y responder rápidamente al movimiento. Y ahora mismo, la inteligencia artificial y la comprensión del lenguaje natural están todavía lejos de ser convincentes.La apariencia sí cuenta
Los diseñadores tendrán que hallar el camino para crear algo que sea lo suficientemente convincente pero que no dé demasiado miedo. Ni siquiera los mejores robots animatrónicos pueden hacer esto todavía. Madeline Ashby, futurista y escritora de ciencia ficción dice que cree que los primeros robots sexuales no parecerán totalmente humanos. «Creo que es más probable que veamos una apariencia de caricatura primero, creo que esa es la forma de sortear el problema, hacerlo como una viñeta o con una cara, cuerpo y apariencia más de videojuego». Estos son problemas técnicos interesantes y complicados. Hay gente trabajando en todos ellos de forma individual. Pero hacer que sea realidad requerirá un gran equipo, lleno de ingenieros, especialistas robóticos, diseñadores de juguetes sexuales, informáticos y más para crear un robot sexual convincente. «No va a ser lo suficientemente simple como para que un genio solo lo construya», opina Flox. No sólo los retos de la ciencia y la investigación se interponen en el camino de los robots sexuales. Están también todas las cosas que se deben alinear antes y después de que se haga la investigación: las leyes, las actitudes culturales, ect…Trabajo sexual

Problemas de financiamiento
Los inversores son reacios a la hora de poner su dinero en productos para adultos. También está el problema del dinero. Para las empresas que trabajan en la industria del sexo, es difícil conseguir inversiones. En Estados Unidos, hay toda una serie de reglas formales e informales que dificultan la vida de las empresas que trabajan en el sector adulto. Los bancos no les dan préstamos a los pequeños negocios, las compañías de tarjetas de crédito declinan transacciones y los servicios que procesan pagos les cobran tarifas adicionales. Plataformas tecnológicas como la tienda de aplicaciones de Apple y Google Play no aprueban el contenido para adultos, ya sea explícito o simplemente erótico. Los buscadores no muestran contenido para adultos a no ser que específicamente lo pidas, e incluso entonces parte de ese contenido se filtra. Los inversores son reacios a la hora de respaldar productos para adultos, no porque sean mojigatos «sino porque entienden que las avenidas para poner estos productos en el mercado son limitadas», señala Flox.













